sábado, noviembre 21, 2009

Recuerdo

La lluvia viene y va como si supiera que voy a caminar. Tiene su encanto, pero que me colaboren los protestantes, o los católicos, o holandeses juntos, o los inmigrantes, o las putas, o la fuerza superior, o el lado oscuro, o los que revisan los cinturones en los aeropuertos, o las llamadas telefónicas, o los encargados de planear fiestas sorpresa en las oficinas, o los muertos, o los muertos de risa, o las monedas de un euro, o las de veinte pesos, o al final los solteros. Cada uno con lo que pueda en su justa medida.

En la mirada

Volvió a sentir la necesidad de abalanzarse, al estilo que sólo Carmen podía hacerlo. Mientras la parte alta del habitáculo dejaba titilar los diminutos e infinitos centelleos, gracias a los cuales desarrolló el arte de suspirar.

-Si tuviera siete segundos en los que sólo pudiera mirarte, te diría en un parpadeo que tan pronto se acabara mi tiempo volvería a besarte con los ojos cerrados.

Era esa la forma que eligió para enterarlo sobre su firme determinación de que todo lo que moldeaba a su lado fuera perfecto, sin que algo pudiera siquiera hacer el intento de desencajarlos. Incluso ella misma, con su acostumbrada forma de poner la rubrica ‘Carmen’ en todo cuanto emprendía.

miércoles, enero 28, 2009

Ella no hace aclaraciones

Viene ahora Carmen con una pregunta realmente difícil de contestar, la revista a medio leer (mal enrollada) y su cara matinal de bajo nivel de cafeína.

Yo, aún dormido, no decido si elaborar una respuesta sobre las sensaciones de tranquilidad mediadas por adverbios de lugar o la incomodidad que puede generar el avance de la tecnología.

Do you feel safe in displays?

viernes, noviembre 21, 2008

Delitos y contravenciones

Lo que más da risa de todo esto que le pasa al país por estos días, es pensar que los únicos negocios que lograron estabilidad en el Centro Comercial Mega-Outlet hayan sido un sitio acusado de lavado de activos y unos bares donde los universitarios se agarraban a puños.

jueves, octubre 23, 2008

Así ocurre en el nuevo mundo

Cuando el personaje estaba en lo que consideraba un "trance de meditación que se volvía regla por cualquier razón" llegaba ella a darse una pasada en su cabeza corta de pelo y colmada de ideas frenéticas.

Eso ocurría sin motivo aparente. Tal era la situación que reverberaba entre neuronas confundidas y distantes.

Nunca pudo determinar cuan distantes estaban en realidad, a pesar de que esperaba un número bastante menor que la primera decena medida en kilómetros.

Sólo por esa frecuente recurrencia entendía él, abandonado a su devenir, la necesidad con la que la esperaría sentado en una banca de cualquier parque, con tres o cinco compañeros incidentales. Tres o cinco caras amables, acogedoras, despistadas; en alguna forma comprensivas.

Lo definió mucho antes aquel cantante rioplatense que compartía el mismo color en su pasaporte (el de ella): fue/es/será. Siempre.

martes, julio 08, 2008

El desasosiego

Veo que las cosas se tienen o simplemente no.

Es decir, las proximidades desenfocan, pueden semejar señales que al final son equívocos vistos desde el autoconvencimiento.

¿Tengo habilidad para manejar rápido? No.

Puedo deslizar el pie en el pedal y saber si es posible mantener el control mientras la aguja se mueve de izquiera a derecha, sin que eso signifique que podré llevar la situación dentro de los límites normales de riesgo por un buen rato. Estoy ahí, cerca, otros minutos, pero sólo un instante.

Hay diálogos, voluntades, resultados, y cuanta proximidad sea fácil reconocer aún con un repaso rápido. Sí. Siempre ronda la certeza que espera alimentarse de costumbre.

Ronda, sí. ¿Y?

Parte de todo es el intento, que responde al olfato y al tacto incluso frente a la gradería desolada, cuando los boletos vuelven a juntarse bajo una escoba.

Por supuesto. Pero intentar y tener son expresiones con una diferencia básica, y es que el segundo no es un verbo regular.

sábado, abril 26, 2008

El amor puede ser una fila de banco

Tic Tic... Tan, Tan.

jueves, noviembre 22, 2007

Gatos

-Estoy casi convencida de que los únicos que me quieren de verdad son mis gatos, lo que venga de los demás lo dudo sin vacilaciones -dijo Carmen al tiempo que movía la taza en su mano para tomar el último sorbo de café.

Tuve que explicarle que en realidad los gatos no quieren a nadie más que a sí mismos y que tal vez calificar de afecto la sensación de conveniente compañía que se genera al tenerlos cerca podría ser un error.

-Ellos sólo nos utilizan para ser felices. Somos otra más de sus fuentes de placer y divertimento. La diferencia con las personas está en que el felino tiene siempre actitud sincera hacia el otro: si les interesamos, están; de otra forma, se van sin chistar -le contesté dejando salir un tono de reprobación y desconcierto por su ingenuidad.

Se quedó callada con la cara que ponen las personas cuando se les pregunta por el resultado de una multiplicación cuya respuesta conocen pero que olvidan de momento. Torció la cabeza, entrecerró un ojo y movió la boca repitiendo mis palabras pero sin emitir sonido alguno.

-Lo que pasa, entonces, es que ellos son los que menos me utilizan.